Las Palmas de Gran Canaria, 20 abr (EFE).- Muchos de los efectos preventivos o curativos de enfermedades que atribuyen a ciertos alimentos llamados funcionales la publicidad o la cultura popular nunca han sido demostrados y pueden crear confusión, según Elena Ibáñez, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
De hecho, “ahora mismo hay muy pocos alimentos que se haya demostrado científicamente que son buenos para prevenir ciertas enfermedades”, según ha dicho a Efe esta trabajadora del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del Consejo Superior, que participa en un proyecto que precisamente busca definir metodologías para contrastar esos teóricos beneficios.
Lograr los objetivos de esa nueva disciplina, denominada “Foodómica”, aclararía las ideas al consumidor, en la medida en que ayudaría a neutralizar “mensajes que pueden llegar a
confundir” respecto a los hipotéticos efectos curativos de algunos productos, según ha expuesto.
“Porque, en general, cuando tienes una enfermedad, la gente prefiere tomar un alimento que mejore su estado de salud que tomarse una medicina”, ha argumentado.
La investigadora no rechaza, sin embargo, la posibilidad de que determinados alimentos puedan ayudar a evitar el desarrollo de alguna enfermedad concreta y, de hecho, ha trabajado en el estudio de los beneficios que puede reportar incorporar extractos de romero a la dieta para prevenir distintas enfermedades, incluyendo el cáncer de colon.
Lograr confirmar ese efecto preventivo de ingredientes introducidos en los alimentos frente al cáncer de colon es una meta que esperan que sea realidad en unos años quienes trabajan con Ibáñez en esos estudios, que siguen en marcha, si bien la investigadora ha matizado que esas expectativas favorables se deben, en parte, a que “es una enfermedad relacionada, en un alto porcentaje de su incidencia, con la dieta”.

Advirtiendo, de cualquier modo, de que deben ponderarse en su justa medida los eventuales beneficios para la salud de este tipo de productos, ya que “lo que no podemos pensar es que los alimentos se puedan utilizar, hoy en día, como sustitutos de las medicinas”.
Además, Elena Ibáñez considera que las investigaciones en las que trabaja pueden reportar mayores garantías para el consumidor a la hora de enfrentarse a mensajes sobre las bondades preventivas de patologías de cualquier alimento, en tanto que en esa tarea se está tratando de aplicar nuevas técnicas y tecnologías, como las que se emplean en el estudio del genoma, para tener resultados más veraces.
Una opinión que ha expuesto en una conferencia organizada hoy en el Banco Español de Algas, con sede en Gran Canaria, y en la que ha hablado también sobre el análisis que han hecho con especies vegetales marinas buscando determinar sus potencialidades nutritivas para el futuro, incluidos sus eventuales efectos favorables para la salud.
Objetivo éste que ha matizado que persiguen desde el rigor científico y sin simplificaciones habituales en otras épocas, antes de que a mediados de la década pasada, la Unión Europea estableciera criterios estrictos para certificar los efectos saludables de productos alimentarios.
Puesto que, por ejemplo, no se puede decir que un alimento frene la osteoporosis solo porque se le ha añadido calcio, ha explicado.
Elena Ibáñez ha precisado que, aunque actualmente ya no cree que existan a la venta productos alimenticios que anuncien efectos saludables no contrastados, como ocurrió en
otras épocas en que “muchos salieron al mercado sin haberlos demostrado”, ello no evita que esos mensajes inciertos sigan siendo creídos por la gente.
“Probablemente ya ni lo ponen en las etiquetas, pero el consumidor se ha quedado ya con la idea de que es bueno para algo, cuando en realidad eso no ha sido convenientemente
demostrado con base científica”, ha dicho. EFE